Categoría: Cine
7 Mayo 2009
Me gustaría mostraros, un corto que realizamos unos amigos y yo en nuestros días de facultad. Esta grabación data de 2002 y la he transferido de VHS al PC directamente... De ahí su pobre calidad.
El corto se rodó en casa de mis padres, en Sevilla. El guión lo escribimos entre un amigo mío y yo. Poco después me enteré que dicho amigo se había basado en un relato incluído en "Los 16 esqueletos de mi armario", una recopilación de cuentos de terror hecha por Alfred Hichtcock. Fue algo traumático -aunque cómico- descubrir un año más tarde, que en realidad habíamos cometido plagio. Pero plagiado o no, la calidad del texto generó un clima estupendo para los actores.
Además de aportar algunas líneas de diálogo y de elaborar el guión técnico, también me ocupé del montaje junto con mi compañero Paco Collado. Fue mi primera edición en no lineal, con un programa llamado iFinish que, por cierto, no era malo.
El corto está repleto de errores de principiante (micros que se ven, saltos en la iluminación y sonido, etc), de los cuales no me he podido resistir a eliminar algunos, como esos interminables tiempos muertos entre frase y frase, muy comunes en montadores amateurs. En la parte positiva, me gustaría realzar nuestra labor como realizadores y cámaras. Los encuadres los encuentro especialmente bellos y expresivos y creo que denotan que no siempre una carrera como comunicación audiovisual es, como se quiere hacer creer, una pérdida de tiempo.
Protagonizado por Miguel Ángel Ortega, un antiguo compi de la escuela de doblaje y Antonio Hernández, un chavalito aspirante a actor, que a mi modo de ver, hizo una actuación muy sincera y pasional (ya había salido en películas como El Traje, de Alberto Rodríguez).
Creo que visto con perspectiva resulta un trabajo bonito e ilusionante. Guardo excelentes recuerdos de aquellos días de rodaje y posproducción ya que supuso mi primer acercamiento al mundo de la edición, que ha sido mi trabajo y mi sustento en los últimos cuatro años.
Quizás por nostalgia, estoy detrás de conseguir los MiniDV originales (el volcado final y los brutos), lo que me dará mayor calidad a la hora de subirlo, además de permitirme retocar otras cosas, como rótulos, el color, sonido e incluso sustituir unas tomas por otras. Quien sabe si no acabo reeditando el corto entero. De momento aquí tenéis la versión 1.1.
http://www.youtube.com/watch?v=Ke2XAUwpyJ4
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6 Mayo 2009
Cualquiera que ame el cine conoce la emoción que se siente cuando se apagan las luces y se oye el zumbido del proyector. La experiencia colectiva de asistir al último estreno, las expectativas creadas en torno a la película, la sensación de que ya no hay marcha atrás y que durante dos horas podemos abandonarnos a nuestros sentidos, olvidando el mundo real, no se puede comparar a cualquier otra forma de entretenimiento.
En un tiempo de crisis, en el que incluso los más cinéfilos optan por descargarse sus películas de la red, en lugar de ir a disfrutarlas al cine, algunos de nosotros agradecemos iniciativas como el Cine Doré, o lo que es lo mismo, el complejo de salas de exhibición de la Filmoteca Española.
El Cine Doré no es un cine al uso. Es un edificio de estilo modernista construido a principios del siglo XX, en la calle Santa Isabel, cerca de la parada de metro Antón Martín e inaugurado en 1923. Realmente ya albergaba una sala de proyecciones desde 1912,
aunque entonces se le conocía como Salón Doré.Hasta su cierre en 1962, fue básicamente un cine de barrio y era conocido popularmente como el palacio de las pipas. Nunca albergó estrenos importantes ni de rabiosa actualidad.
En 1982 es comprado por el Ayuntamiento y cedido al Ministerio de Cultura, y comienzan las obras de restauración, conservando elementos decorativos y arquitectónicos del antiguo edificio. La sala de cine que había es restaurada a imagen y semejanza de la antigua, y se construyen dos nuevas, una de ellas, al aire libre. Así, el Doré se convierte en lo que es ahora, un cinematógrafo donde la Filmoteca Española exhibe las películas de su numeroso archivo, ya sea de forma aislada o como parte de un ciclo dedicado a algún actor o director.
Para mí, asistir al Doré, supone poco más que un viaje en el tiempo. En apariencia sigue siendo ese cine antiguo que era. La fachada parece construida para una película de época y uno imagina que al traspasarla solo encontrará un espacio vacío y los andamios que la sujetan, pero nada más lejos de la realidad.
Una vez dentro, es como estar en un parque temático muy bien acondicionado. Según entramos vemos una zona de veladores y una cafetería al fondo, con aperitivos a precios populares. A mano izquierda encontramos una librería dedicada al cine que también alberga un tablón de anuncios donde profesionales y aficionados invitan a al lector la proyección de sus cortos, o se ofrecen para dar clases de montaje o requieren extras para alguna filmación.
La reconstrucción de la antigua sala del Salón Doré es sencillamente sensacional. Sólo al entrar, ya sientes que estás a punto de formar parte de algo mágico e irrepetible. Está acondicionada como el típico corral de comedias rectangular, con sus palcos en la zona
superior y patio de butacas. eso sí, las butacas son de lo más cómodas, nada de sillas de madera ¡Tanto realismo hubiera sido excesivo!
Cuando ya comienza la película llegas incluso a emocionarte al ver en pantalla grande esos bellos rótulos en blanco y negro, que hasta ahora solo habías visto en tu televisión. Y es que la programación del Cine Doré está compuesta mayoritariamente de clásicos del cine norteamericano, francés, alemán... agrupados en ciclos sobre cine negro, la nouvelle vage o el expresionismo.
Pero ojo, que no sólo de clásicos vive el hombre. Pues junto películas de Billy Wilder, Fritz Lang o Alfred Hichtcock, también podemos encontrar documentales o filmes más recientes como Smoke (Wayne Wang), Parque Jurásico (Steven Spielberg) o Camino a la Perdición (Sam Mendes), por mencionar solo tres ejemplos que ahora mismo me vienen a la mente.
En fin, los que me conocéis podéis imaginaros cuanto he podido disfrutar al encontrar un cine como este, que auna lo mejor de dos mundos: Primero; una bonita apariencia arquitectónica y una programación repleta de grandes films, y segundo; unas salas dotadas de las todas las comodidades y el mejor equipamiento técnico.
Por si fuera poco, la entrada sólo cuesta 2,50 €, y puedes sacarte un abono de 10 películas por 20 € con lo que al final te sale por dos euros la sesión. ¿Qué más se puede pedir? ¿Es o no es este el paraíso para un cinéfilo?
MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL CINE DORÉ EN: http://www.mcu.es/cine/MC/FE/CineDore/index.html
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3 Mayo 2009
Cuidado con la reentrada, irás dando botes.
Eso decía el bueno de Marty McFly al término de Regreso al Futuro, dando consejo a Doc Emmet Brown sobre los viajes en el tiempo, ya que la suerte quiso que el primero en expreimentarlo fuera él, y no el científico.
Este blog ha quedado dejado de la mano de dios durante tres años. Nunca fuí constante... nunca pensé que tuviera nada interesante que contar a nadie, pero siendo como soy un individuo pasional me animé a hacerlo. Acabo de leer la bienvenida a este blog, y leo eso precisamente, lo de que "nunca fui constante", tal como lo dije en 2006. Esto se ha revelado como cierto en los últimos tres años.
Ni retos, ni amores, ni grupos de rock and roll he conseguido mantener sin que una u otra cosa me absorbiera tarde o temprano, y me obligara a enfretnarme a un Alberto distinto del que conozco. Los cambios me asustan, he de admitirlo.
No obstante, realicé cambios, asumí retos. Monté una empresa, peleé... Defendí el amor, me estrellé; canté en una banda de rock, me agotó, les agoté. Necesitaba romper con todo y hace siete meses marché a Madrid, la gran capital... donde aún busco mi oportunidad.
Con motivo de la Feria de Abril he vuelto a Sevilla, y como cada vez que vuelvo aquí, tengo la sensación de que el pasado se apodera de mí. Viejos acordes, antiguos amores, surgen de los rincones como queriendo atraparme. Con miedo, me he apartado de la muchedumbre, no he pisado apenas la Feria. Este fin de semana he bebido, reído, llorado y también he regalado caramelitos a chicas sin nombre, pero siempre rodeado de mis amigos del alma, que siguen y resisten mi amistad contra viento y marea. Y hoy, un día sin nada que hacer, he investigado el propio rastro que dejé en Internet hace ya tres o cuatro años.
Ha pasado el tiempo y la nostalgia me embarga al entrar en este y otros blogs, y al leer cómo escribía sobre trivialidades haciéndolas parecer grandes gestas. Dios sabe si volveré a escribir aquí más allá de un solo post. Dios sabe si seré constante esta vez. Pero me apetecía hacer una reentrada, que como a Marty McFly, supone un salto temporal hacia el pasado. Hacia un pasado que ya empieza a ser lejano. No es ese pasado reciente del que huí hacia Madrid. Los sentimientos que he podido leer en este post, ya no me afectan:
Elisa Oliver ¡Realmente quise a esa chica, demonios! Muchas mujeres han entrado y salido de mi vida desde entonces, y es curioso como el tiempo me hizo olvidar a Elisa. Hace poco la encontré por casualidad enFaceBook, la saludé cordialmente y me alegró su respuesta amigable y conciliadora.
El Dragon Verde; ciertamente fue una época muy agradable. Todo el mundo nos trataba bien y demás, pero el amor y las relaciones comerciales no son buenas compañeras y un tormentoso affaire de un (por aquel entonces) buen amigo mío con una camarera, dio con todo al traste.
RSU y el estreno en Avilés: Otro ejemplo de cómo entran y salen de tu vida gente y hechos importantes, que con el paso del tiempo se disuelven en la bruma, dejando paso a nuevas personas, nuevas experiencias. A decir verdad, RSU fue el inicio de muchas cosas y un paso más en una andadura hacia lo profesional que no parece tener fin, pues a día de hoy, continúa.
Dos cosas permanecen igual: Mi amor por el cine y mi devoción hacia el rock and roll. Pero he expandido mi mente y me he vuelto más receptivo, o al menos eso creo. Es el momento de continuar donde lo dejé, pero... por cuanto tiempo? No lo se. Saludos a todos de nuevo, si es que hay alguien al otro lado del silencio.
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28 Marzo 2006
Siempre he pensado que el discurso fílmico, al margen de todas sus influencias, debe funcionar por si mismo, ha de digerirse sin prestar atención a otras fuentes. La historia ha de funcionar por si misma, salvo en contadas ocasiones, como en filmes históricos en los que conviene tener presente el contexto.
Concretamente, yo no conocía casi nada del señor Capote antes de ver la película, tan solo algunas pinceladas ofrecidas por la publicidad de la misma en los medios.
En cualquier caso, siendo una película nominada a los Oscar, me decidí a verla. No discuto que Phillip Seymour Hoffman ofrezca una gran interprtación, ni el buen gusto escenográfico, la fotografía, etc…
Sí, toda la amalgama técnica funciona, como siempre en el buen cine americano, sin fisuras y de manera espléndida.
El problema está en el guión. Si el filme es fiel a la vida de Capote, esta debió ser muy aburrida, puesto que aburrido es el filme. Es una historia lineal hasta decir basta, no hay puntos de giro, no hay sorpresas, no hay confirmación de hipótesis porque estas ni siquiera se plantean.
Se le presuponen al espectador mucha competencia e información previa al visionado, porque, a pesar del mimetismo de Hoffman, el personaje de Capote no está nada definido. ¿Quién es este hombre? ¿Cómo fue su infancia? ¿Qué le hace actuar como lo hace? ¿Cuáles son sus motivaciones? ¿Se siente realmente atraído por el más joven de los asesinos? Profundicemos un poco más.
La poca información nueva que nos proporciona la cinta a lo largo de su desarrollo, era ya, a la mitad del filme, casi irrelevante, no me importaba en absoluto la vida de aquellas tristes personas; asesinos, escritores despiadados... Los pretendidos momentos álgidos fueron para mí poco más que lecciones de cine sobre “cómo hacer tal, cómo hacer cual”. Lo dicho, una técnica muy refinada con un guión muy pobre y que da por sentado cosas que jamás deberían darse en el cine.
Un ejemplo: la primera vez que vi Casablanca, yo era un chaval y no sabía nada de la II Guerra Mundial, sin embargo, disfruté como lo que era: un enano. ¿Por qué? Por que la historia funciona por si misma.
Sin embargo, Capote no atrapa, no cautiva. Es lineal, hierática, sobria hasta volverse gris y arrugada. Prefiero con mucho, Brokeback Mountain.
Saludos.
servido por zingamo
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